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En Viajar por Libre, siempre hemos ido sobre dos ruedas. Puede que sentarte en una motocicleta y recorrer bellas carreteras que no te llevan realmente hacía ninguna parte, acaben encontrando de manera camuflada y magistral un destino llamado libertad.

La sensación de que el mundo de los viajes continúa latente en nuestras venas, cuando no podemos salir al extranjero, circula por todo nuestro cuerpo mientras vamos rodando por nuestro país.

Siempre me he considerado un motorista de pacotilla. En las pocas salidas que he realizado con colectivos, os puedo asegurar que iba siendo la moto escoba, recogiendo a todo el que se iba cayendo delante de mí. Lo mío no es la velocidad extrema. Eso lo tengo muy claro, pero más allá de buscar una buena plegada en las curvas más ciegas de nuestro territorio, lo que ando buscando, es ir a mi ritmo, descubriendo pueblos y paisajes en la España más profunda. Coger carretera y manta, es un hecho. Cuatro días, cuatro mudas y una pequeña mochila, dan todo lo necesario para ir tirando y cuando la noche se me echa encima, tiro el ancla contra el asfalto y busco un albergue que  me proporcione una decente cama para seguir por un nuevo camino al día siguiente.

Rememorando mis lecturas sobre el gran viajero Ted Simon en sus libros, me acordaba de sus vueltas al mundo sobre una Triumph. Su primera ida de cabeza, fue con 40 años, dejándolo todo y saliendo a buscar en la década de los años 70 , algo que fuera a dar con una respuesta a todas sus preguntas sobre la vida. Con 70 años, hizo lo mismo, recorriendo los mismos países y escribiendo un tercer libro, basando sus vivencias en las grandes diferencias que había habido en tres décadas por todo el planeta. La visión de éste, acerca de la gran evolución de la sociedad, es impactante. Donde antes había cruzado habiendo guerras, ahora había paz. Donde hubo paz, ahora andaban metidos en guerras. No pudiendo escapar de las nuevas tecnologías, vio cómo su último viaje, perdía encanto, pero ganaba enteros para entrar en el Olimpo de los Dioses Moteros. Un tío con 70 años, manejando en esta ocasión una BMW, sin más recursos que los que lleva en sus alforjas, tiene mérito.

En Barcelona, este fin de semana rugió el mundo del motor. Las marcas más famosas expusieron sus nuevos modelos y me vino a la mente hacer un artículo en la página, decidiendo colgar a partir de ahora las rutas que vaya haciendo.

Vivo en una tierra que es una apasionada de este sector. Barcelona baila entre sus calles a ritmo de gas. Los motoristas son conscientes de lo afortunados que son y no dejan de lado a las citas más importantes de Europa. Un claro ejemplo es Montmeló, donde año tras año, las carreteras se masifican de motocicletas, sedientas de gasolina y de pilotos hambrientos de diversión y aventura. Jerez, Cheste y Aragón siguen las mismas pautas, dejando llenos absolutos cuando la ocasión lo requiere. La concentración de Harley Davidson en Barcelona, es a nivel mundial un evento imprescindible. Los Pingüinos de la vieja Castilla León, cuenta con 35.000 moteros, dándole al puño, bajo temperaturas glaciales, convirtiendo este acto, en uno de los más importantes de todo el mundo.

No son pocos los motivos por los que hace ya un par de décadas me convertí en un motorista rutero. El hecho de poder tener esa válvula de escape durante unas horas o unos días, son un motivo suficiente para dejar en el sofá con una mantita, reposando a “mis ansias” por viajar, cuando las circunstancias lo requieren. El trabajo y las obligaciones son una carga que uno debe llevar para poder irse unas tres veces al año a descubrir nuevos países.

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Descubre España de la mano de Viajar por Libre

Los libros de Ted Simon